Post Factum, Nullum Consilium
Ing. Marco Orellana R.
Después del hecho, ningún consejo. El Ecuador entero ha volcado y cifrado sus esperanzas, por una mejor condición de vida, en la redacción de una nueva constitución política.
Pero, radica nuestro problema en tener una constitución dulcemente dogmática, pero líricamente pragmática? O acaso, la verdadera raíz de todos nuestros problemas como nación es la actitud de los ecuatorianos en el día a día del acontecer nacional? Esa actitud es el resultado de la pobre educación ética, moral e integral impartida a muchos ecuatorianos desde su niñez.
La nueva Constitución que la próxima Asamblea Nacional Constituyente pretende aprobar no solucionará la pobreza, el desempleo, la falta de excelencia en nuestra educación y servicios de salud, la delincuencia, la corrupción a todo nivel, o la economía, misma.
Se sabe de antemano que la próxima Constitución despolitizará las funciones del Estado como la Judicial, Electoral, y la Constitucional; además de hacerlo con los organismos de control quitándole al Congreso Nacional la facultad de asignar ternas o nombrar a sus altos funcionarios, motivo, hasta ahora, de chantaje e intereses personales; o endureciendo las leyes, estableciendo mayores requisitos para quienes pretendan ostentar cargos públicos; y, por último, haciendo una reingeniería democrática total a la ley de partidos para evitar que éstos respondan a un cacique.
Todo esto esta muy bien. Sin embargo, de nada sirven leyes más estrictas y penas más duras si los ecuatorianos seguimos adoptando la actitud de “quemeimportismo”, desidia, de viveza criolla para evadir las leyes y obligaciones ciudadanas, el irrespeto al prójimo y a la autoridad. Donde vemos esto? Pues, en el diario vivir.
El estudiante que copia, el que da coima, el que no hace fila, el que se pasa la luz roja, el que no cede el asiento a un anciano o embarazada, el vigilante o policía de transito que no hace cumplir las dichas leyes, la autoridad que abusa como tal, el burócrata que cree hacer un favor a quien por derecho solicita un servicio, al funcionario público que retrasa un proceso para poder recibir un “incentivo económico”, el ciudadano que pretende un cargo público para enriquecerse, el que premeditadamente vende productos adulterados, o lo hace con falsa publicidad, el que evade al fisco, el especulador, el que lleva doble contabilidad y no paga las utilidades a sus empleados.
En este punto, es preciso hacer una analogía de nuestra realidad social con las ideas expresadas por Sócrates en La República de Platón, obra escrita en el año 389 a. J.C. y cuyo argumento se centraba en la justicia, la idea de un Estado perfecto, en la necesidad para el Estado y el individuo de regir toda su conducta según los principios de justicia, conciencia y honestidad.
En su sabia dialéctica, Sócrates argumentaba que lo más importante para un gobernante es la educación y el desarrollo de la juventud conforme a normas éticas y morales ya que sin ello, el desprecio por las leyes se desliza fácilmente sin que nadie se dé cuenta.
En efecto, el principio de la ilegalidad se insinúa y arraiga poco a poco en las costumbres y modos de vida. Después aumenta y se introduce en los tratos entre ciudadanos y luego avanza hasta las leyes y el gobierno mismo, hasta que al fin, produce la ruina de los ciudadanos y el Estado.
Sócrates sostenía que, con buen ejemplo, cuando a los niños se los somete a reglas determinadas por los buenos principios, en ellos se arraiga por siempre el amor al orden, a los buenos modales y a las leyes.
Decía que todas estas prácticas son el resultado natural de la educación desde la niñez, y que ésta trae como consecuencia que el resto de la vida esta hecho a su semblanza.
Y que mientras aquellos niños, hechos ya hombres, conserven los principios que se les enseñó, entonces no será necesario para ellos pasar el resto de sus vidas (tal como se hace en el Ecuador) formulando continuamente reglamentos o enmiendas a leyes anteriores para buscar inútilmente la perfección de su sistema social, político y jurídico.
A Sócrates le parecía una ironía la conducta de un Estado mal gobernado que les ordenaba a los ciudadanos que no vulneren en punto alguno su Constitución.
Y más aún, los políticos le parecían los hombres más divertidos del mundo, pues decía que pasan los días legislando y rectificando e imaginan que así remediaran los problemas del Estado y su gente.
Al respecto decía “No pueden darse cuenta que no hacen más que cortar las cabezas de la hidra”, es decir, quiso decir proverbialmente que como dichas cabezas retoñan al cortárselas, no importa cuanto se esfuercen los legisladores, los vicios y males retoñarán.
De igual manera, si los ecuatorianos no cambiamos de actitud frente a las normas y principios establecidos en la moral y la ética, los males socio-políticos, jurídicos y económicos continuarán como la hidra en el Ecuador por más que nuestros políticos se esfuercen en rectificar leyes y sustituir una constitución por otra.




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