CON COLISEO PERO SIN ALCANTARILLADO Y ESCASA AGUA POTABLE
Hundida en la orilla del río hasta la cintura, bajo un sol calcinante Elvira Brito soporta 5 horas al día de lunes a sábado lavando ropa ajena a dos dólares la docena. Igual que ella, una veintena de lavanderas friega las prendas en las rocas.
El torrentoso afluente proporciona trabajo y atrae al turista, también es la fuente para 158 familias que carecen de agua entubada, porque la red del líquido apenas llega a unos cuantos que la succionan con bombas, mientras el alcantarillado que cubre sólo el centro colapsa en cada invierno.
50 de cada cien familias utilizan letrina o pozo séptico, según el censo del 2001.
En cambio, el poblado tiene coliseo desde hace 15 años.
A dos metros de Elvira, Angelina se queja de “éste pueblo que nada ha cambiado”.
Esta mujer de acento extranjero pero con pinta de lugareña ha vuelto desde España a los 5 años y no se arrepiente. “Me fui porque aquí sólo hay pobreza y vicios”.
Dice.
A pocos pasos del río, por la parte posterior de los locales de fritadas, el Nigth Club Imperio, reconocido en el pueblo por las broncas y escándalos, atiende a sus primeros clientes pese a ser media mañana. Uno de los tres policías que aguarda en un cómodo retén comenta del alto grado de inseguridad y delitos.
“Por la desocupación y la migración de los padres, los muchachos se refugian en el alcohol y las drogas”, explica Orlando Sandoval, líder del sector, quien asesoró el proceso del Plan de Desarrollo Estratégico de Buenavista, un documento elaborado por la propia comunidad que yace por ahora olvidado por la Junta Parroquial.
Esa indiferencia de los líderes quizá explica mejor el atraso de Buenavista. Pueblo rico, pueblo pobre.




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