Buenavista: La riqueza contrasta con la pobreza y olvido de la parroquia más antigüa
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Rostros de la pobreza. Esta mujer trabaja 5 horas diarias lavando en las orillas del río, como ella al menos 50 pobladoras se ganan la vida. |
El río de su mismo nombre y una verde alfombra de cultivos agrícolas abrazan a Buenavista, la parroquia más antigüa de la provincia que en los años 40 fue epicentro del boom cacaotero y desde los 60 hasta hoy rica zona bananera .
Aquí se ubica la finca de la t r adicional familia Rivera Ugarte, laureada 15 veces con el premio Rey Banano del mundo.
Ubicado a 4 kilómetros de Pasaje, el poblado nació como comarca de agricultores y hoy es una potencia agro exportadora:
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La incertidumbre de los jóvenes. Marco Alfaro trabaja en la actividad bananera desde los 14 años. Por ayudar en la manutención de la familia no pudo asistir al colegio. Los jóvenes son los más golpeados por la pobreza, la emigración y el semianalfabetismo. |
Según el censo agrícola del 2003 en el sector existen 2.423 hectáreas de sembríos de banano, 90% de ellas tecnificadas que producen 75.700 cajas semanales; en tanto, 291 hectáreas de banano orgánico y 170 de ecológico destacan en el ranking agrícola del país.
La actividad bananera deja ingresos que bordean los 10 millones de dólares según un diagnóstico elaborado por la comunidad en el 2004.
Pero esta riqueza no es de todos: de acuerdo a este mismo estudio, 64 familias son propietarias del 86% de la extensión agrícola, en tanto 1.100 familias se distribuyen el restante 14% de la extensión cultivable.
Buenavista registra una población de 5.221 habitantes, asentada en la cabecera parroquial y 7 sitios rurales.
Aquí el banano es signo de prosperidad y sobrevivencia: el sector da empleo directo a 1.300 pobladores e indirecto a otros 200, con un salario semanal que oscila entre 40 y 45 dólares, sin beneficios laborales.
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La junta parroquial en deuda con su comunidad. El Presidente Royer Illescas dijo desconocer el paradero del Plan de Desarrollo Estratégico. |
“Apenas alcanza para la comida”, comenta Carlos Bustamante, obrero de embarques. Pero no todos tienen esa oportunidad: según el diagnóstico de la parroquia, de cada cien pobladores en edad de trabajar, 55 no tienen empleo estable. De aquellos, 20 de cada cien están desocupados.
Cuando el precio de la fruta se desploma la pobreza crece: “En esa temporada despiden a la gente de las fincas o pagan menos por el jornal”, confiesa Segundo Marco Alfaro de 21 años, quien labora desde los 14 en una cuadrilla de embarque, “ ganando 30 semanales”.
Marco , quien no ha ing resado al colegio ni disfrutó de su niñez por trabajar retrata otra secuela de los desheredados del banano: 210 niños de 10 a 15 años son analfabetos, otros 194 mayores de 15 tampoco fueron a la escuela.
El tiempo de estudiar lo dedican al trabajo agrícola para remediar la cruda pobreza de sus familias. Un salvavidas del lugar es el proyecto Creciendo con Nuestros Hijos, que a través de la Asociación Sonrisas atiende con educación no formal a 497 menores de 0 a 6 años.
“Con esto se romperá el círculo vicioso de la pobreza, porque desarrollarán destrezas e inteligencia y se destacarán en los estudios”.
Explica José Valle Chica, coordinador del proyecto.







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