La CENIZA no purifica, estimula la reflexión cristiana

Monseñor Néstor Herrera,
Presidente de la Conferencia
Episcopal.

Miércoles de Ceniza, ¿cuál es el
significado que tiene este día para
el pueblo católico?

La ceniza es algo simbólico porque
no tiene fuerza purificadora, pero sí
estimula y anima a quien la recibe
para que entre en ese ambiente y actitud
penitencial. Este día es muy
importante para el pueblo católico
porque da inicio a la Cuaresma, que
termina con la Semana Santa.

“Polvo
eres y en polvo te convertirás”, es la
máxima que a todos nos pone a reflexionar
frente a la vida y a la muerte,
es el momento en el cual empezamos
a tomar conciencia de nuestro ser.

Si la ceniza no purifica, ¿por
qué la costumbre de ponerla en la
frente de los creyentes?

Según el Antiguo Testamento,
antes, el Rey invitaba a hacer penitencia
y una de esas formas era cubrirse
la cabeza con ceniza. Es una tradición
que, al igual que el ayuno, se conserva
hasta la actualidad. Quien la recibe
demuestra, teóricamente, que está
dispuesto a entrar en ese ambiente de
reflexión, perdón, purificación y cambio.

¿Por qué después del Miércoles
de Ceniza y hasta la Semana
Santa, los viernes no se puede
comer carne?

El ayuno y la abstinencia fueron
prácticas que la Iglesia adoptó como
mortificación. En esa época, la carne
era com una golosina y a la cual no
tenía acceso todo el pueblo. Por esa
razón, la abstinencia a la carne era
como una mortificación. En los tiempos
ya no es una golosina, por lo que
los creyentes tendrían que hacer penitencia
evitando consumir otros productos.

Por ejemplo, ¿cuáles?

El tabaco, el alcohol y otras obsesiones
que animan la vida de las personas.
Y si fueramos más conservadores
hasta deberíamos privarnos de ir
a la playa y a otros sitios donde solo se
necesita de dinero para divertirse. Lo
que sí, se debe seguir respetando a
los viernes de la Cuaresma, porque en
la tradición de la Iglesia se los asocia
con la muerte de Jesús, un día muy
sagrado que debería ser respetado.

Las abuelas también recomendaban
que no hay que bañarse el
Jueves y el Viernes Santos, porque
quien lo hace corre el riesgo
de convertirse en pescado. ¿De
dónde sale eso?

A lo largo del tiempo se han ido
tejiendo muchas creencias que no tienen
fundamento y que han surgido
porque en un determinado momento
algo de eso sucedió, pero fue muy circunstancial
y no se puede atribuir a
una realidad constante. De eso hay
que librarse porque solo la fe salva,
esos temores populares son casi siempre
infundados y hacen mucho daño al
verdadero sentido de la conmemoración
religiosa de la vida, pasión y
muerte de Jesucristo.

La Cuaresma es sinónimo de
oración, reflexión, perdón y ¿de
qué más?

Lo fundamental es proponerse, en
estos 40 días, corregir los malos comportamientos
y a asumir el compromiso
de adoptar nuevas conductas. La
Cuaresma debe ser entendida como
un momento de conversión, teniendo
como base de la reflexión sobre la
vida y el ejemplo de Jesucristo. Lo
ideal sería trasladar esas experiencias
a nuestra vida diaria, a nuestra forma
de ser y de actuar.

Si antes, el Rey era el que convocaba
al ayuno y la abstinencia.
Ahora, ¿quién lo debe hacer?

La Iglesia, a través de sus pastores.
El anuncio debe estar acompañado de
hechos como muestra de que se está
poniendo en práctica todo lo que se
predica. Nosotros, este año vamos a
dedicar la Cuaresma a los damnificados
por el Tungurahua.


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