El empleo: Tan solo palabras
Pocos términos han sido tan enjabonados como el del
empleo.
En su homenaje se han realizado un sinnúmero
de cumbres mundiales de presidentes, de
ministros y de organismos burocráticos internacionales,
con caviar y champaña incluidos, y ha sido loado,
piropeado y mimado en todas la latitudes y en todos los
idiomas. También, muchos crímenes, por omisión, se
han cometido en su nombre.
Ya en junio de 1948, la Conferencia General de la
Organización Internacional del Trabajo (OIT) había adoptado
el Convenio 88 sobre el servicio del empleo, cuyos
dos artículos iniciales establecen: “
- Todo Miembro…
deberá mantener o garantizar el mantenimiento de un
servicio público y gratuito del empleo. - La función
esencial del servicio del empleo, en cooperación, cuando
fuere necesario, con otros organismos interesados, públicos
y privados, deberá ser la de lograr la mejor organización
posible del mercado del empleo, como parte integrante
del programa nacional destinado a mantener y
garantizar el sistema del empleo para todos y a desarrollar
y utilizar los recursos de la producción”.
En un plano filosófico, libre de toda sospecha, el papa
Juan Pablo II, en su encíclica Laborem excercens, concibe
el trabajo como la “clave esencial” de toda cuestión
social, reafirmando el principio del predominio del trabajo
humano sobre el capital:
“El fundamento primero del
valor del trabajo es el hombre mismo”, por lo que “el trabajo
es para el hombre, y no el hombre para el trabajo”.
El bien común debería ser, entonces, el norte de una
sociedad que aspira a vivir armoniosamente.
El derecho,
especialmente el constitucional, al tiempo que se preocupa
y ocupa de los derechos individuales, debería hacerlo,
con igual o mayor énfasis, a favor de la justicia social.
Sin embargo, los datos de la realidad nos golpean despiadadamente:
“Los países de América Latina y el Caribe
registran un desempleo juvenil de 16,6 por ciento, reflejando
la persistencia de un problema que es agravado por
las condiciones de pobreza de millones de trabajadores
entre 15 y 24 años”, reveló un nuevo informe de la OIT.
El informe
Tendencias mundiales del empleo juvenil
dice que el número de jóvenes desempleados en
Latinoamérica y el Caribe registró un aumento de 7,7 a
9,5 millones de personas en la última década, lo que produjo
un aumento en la tasa de desempleo para este sector
de 14,4 a 16,6 por ciento”.




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