Conviviendo
Tal y como se lo sospechaba, la región va cimentando
su postura en torno a la política del futuro, cumpliéndose
los análisis de los entendidos en la materia de
que la globalización ha mostrado sus debilidades al
no facilitar y viabilizar una adecuada salida a los niveles de
pobreza, acrecentados en los últimos tiempos, de manera
especial en los países denominados del tercer mundo.
Aunque hace algún tiempo aquello se creía casi imposible,
en los actuales momentos los países de la región conviven
con posiciones ideológicas distintas jugando un papel
similar al que se suscita casa adentro.
Hoy el país vuelve a apostar a una opción de cambio.
Lo
cual significa —debiera significar para la derecha— revisar
sus esquemas y prácticas y poner en sus agendas algunos
interrogantes.
¿Por qué dejó de ser opción de gobierno?
¿Por qué bajo su administración el país se llenó de grupos
que han esquilmado las finanzas públicas y secuestrado
los poderes del Estado?
¿Por qué la derecha dejó de ser
sinónimo de país, de honestidad, de decencia Si la derecha
no hace ese ejercicio, volverá a lo único que hace políticamente
en momentos de incertidumbre: esperar que el
nuevo mandatario se equivoque, tal y como ha venido
aconteciendo en los últimos tiempos.
Por eso el triunfo de Correa, deja la pelota en la cancha
de la derecha decente.
La obliga, para volver al imaginario
social y político, a reconstituir su ideario. Y no podrá
hacerlo sin distanciarse, conceptual, ética y políticamente,
de las prácticas corruptas de la vieja derecha.
Así el
nuevo escenario no parece ser la guerra entre Rafael
Correa y sus seguidores con el resto del país.
Más parece
ser un acuerdo entre ciudadanos decentes que entienden
que el país es inviable con mafias, instituciones con dueño
(de derecha o izquierda, da igual), y una impunidad que
demuele instituciones y socava cualquier esperanza.
El reto del presidente Correa no sólo está en sacar adelante
la Constituyente que prometió, está en entender que
la reinstitucionalización del país requiere una nueva
izquierda y también una nueva derecha.
Y que esas dos
fuerzas, paradójicamente, se necesitan. Primero para
superar el bloqueo que es una de las armas usadas por los
viejos grupos de poder para perpetuarse. Y luego, para
establecer ese piso mínimo de convivencia democrática
sin el cual el país puede verse abocado a salidas extremas.
















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