Reflexión
La campaña electoral ha entrado en su climax cuando
faltan apenas dos semanas para que los electores
vayan a las urnas a decidir el futuro del país
pues la decisión que se tome el quince de octubre
es fundamental para el progreso o hundimiento total del
Ecuador.
Si bien en sus inicios, la campaña se caracterizó por el
respeto entre los candidatos, los resultados que han
arrojado las encuestas, al parecer han motivado la desesperación
de algunos aspirantes al solio presidencial,
que lamentablemente han recurrido a destacar las faltas
o errores de sus contrincantes y no a difundir su plan de
trabajo y la manera en que lo piensan ejecutar.
Nuevamente la estrategia de muchos candidatos a la
diputación y otras dignidades seccionales como consejeros
y concejales es el discurso superficial que no va
más allá de realizar un diagnóstico de los principales
problemas de la ciudad, provincia o país pero que no
incluye las soluciones a corto y mediano plazo.
Sabiamente, el Tribunal Supremo Electoral ha resuelto
que la campaña se desarrolle solamente hasta el doce
de octubre con la finalidad de brindar un alivio a los
sufragantes ante el bombardeo de mensajes directos y
subliminales que utilizan las diferentes tiendas políticas.
Este espacio debe servir también para que los votantes
reflexionen sobre el poder que tienen en sus manos,
pero según han demostrado experiencias pasadas, en
varias ocasiones, la suerte de los candidatos apenas se
decide segundos antes de rayar las papeletas.
Una vez,
nada está dicho y las sorpresas pueden ser la constante
en los próximos comicios.
















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