Las amarguras de los “pueblos elegidos”

Moisés Sánchez Ludeña

Gracias a Dios no pertenezco a ninguna de los “pueblos
elegidos por Dios”! ¿Elegidos para qué? Analizando la
historia todo parece apuntar a que fueron elegidos para
sufrir y hacer sufrir a sus países vecinos.

Se dice que cuando Moisés tuvo esperando a su pueblo
(Israel) a los pies del monte Sinaí para luego bajar con los
diez mandamientos en la mano, fue cuando les confirmó
la “fabulosa” idea de que ellos eran el “pueblo elegido por
Dios” y fue a mi parecer también el preciso momento en
el que comenzaron sus problemas.

Desde entonces el
mundo ha sufrido los estragos que sufre una familia cuando
un hijo recibe la noticia de que es el preferido por su
padre y por lo tanto se cree superior a los demás hijos.
¡No se en que estaba pensando mi tocayo cuando les dijo
eso!

Talvez lo hizo con la mejor de las intenciones, para
elevarles la autoestima y que puedan soportar esos terribles
cuarenta años en el desierto. Tal vez no se dio cuenta
de todo lo que en el futuro iban a sufrir y hacer sufrir por
defender esa idea, sobre todo cuando no son ellos los únicos
que se creen el “pueblo elegido” y tienen que vivir
peleándose con otras razas y otros países por defender
aquel ansiado título.

Se que lo dicho puede llegar a sonar ofensivo para la
religión Judía pero nunca tan ofensivo como los crueles
ataques que Israel ha realizado en contra del Líbano y en
el que han muerto tantas personas inocentes incluyendo
una gran cantidad de niños. ¡La vida vale más que cualquier
religión!

Me parece absurdo que en este nuevo milenio
la gente continúe peleándose, unos en nombre de Alá
y otros en nombre de Dios siendo mucho más noble y productivo
sentarse y considerar la idea de que ambos son el
mismo ser, simplemente llamado con nombres diferentes.

Dios creó al hombre y el hombre a las religiones con el
afán de llegar hasta Dios.

Por eso prefiero defendere la
vida de los hombres por encima de las religiones porque
siento que así defiendo los verdaderos intereses de Dios y
no los intereses del líder de una religión.
Pero talvez piense de esa forma porque no nací en
medio Oriente y no escuché desde pequeño esa fantástica
historia de que Dios o Alá ha elegido a mi pueblo, por
encima de los demás pueblos, como aquel que llegará al
paraíso si cumple todo lo que la religión le pide.

Tal vez si hubiera crecido expuesto a esa irresistible
idea de que mi gente es la elegida y por lo tanto superior
al resto del mundo, mi ego se hubiera hinchado tanto que
si alguien viniera y me dijera lo contrario sentiría también
un fuerte impulso de atacarlo.

Pero por suerte no me
siento elegido ni tampoco ambicioso un paraíso en el que
solo la gente que piense como yo puede entrar. Ojalá
algún día todas las personas puedan ver más allá de las
promesas de sus religiones y asimilen la idea de que el
paraíso se lo puede vivir aquí en la tierra si por fin consiguen
dejar de estarse peleando y ¡Dios mío, por fin haya
paz en el mundo!.


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