El don de la creatividad
Moisés Sánchez Ludeña
Pienso que toda creación humana esta inspirada en la
capacidad de creación de Dios y que toda manifestación
de belleza en dichas creaciones son una norma
de alabanza hacia nuestro creador.
Quizá algún día usted también ha sentido en algún
lugar entre su cerebro y su corazón una idea única y original
que palpitaba como reclamando que se le dé su lugar
en el mundo y quizá la dejó morir por ser diferente y
temer a que no encaje en aquellas normas invisibles que
han ido marcando límites extraños en la sociedad. Es normal
que pase eso, pero triste también.
Todos nacemos
con la capacidad de crear, pues todos nacemos con un
alma que nos hace sentir concientes de nuestra existencia
única e irrepetible, y dejar morir esa capacidad creadora
es dejar morir aquello que nos hace tan especiales en este
mundo.
Las cosas desconocidas nos generan inseguridad y
hasta miedo, por eso casi todos tenemos una tendencia
natural a aferrarnos a aquello que ya ha sido inventado,
probado y comprobado por alguien más.
Por eso existe
esa tendencia a encasillarse en esos pequeños espacios
que la sociedad va dejando para que la gente temerosa se
meta y se sienta segura y asi, buscamos auto-clasificamos,
luchando por ser reconocidos como el “inteligente”, el
“sabido”, el “niño bueno” o el “chico malo” porque son
personajes cuyos límites alcanzamos a ver y entender
facilmente sin tener que pasar por el temido riesgo de ser
diferentes a los demás.
Pero el alma es como una estrella de mil puntas que
al ser encasillada pierde su propio brillo y su forma
para tomar la forma de aquella triste casilla limitada y
repetida. Por eso lucho día tras día por dar algo particularmente
mío a este mundo y adoro este don de la
creatividad que Dios me ha dado a mi también.
Este
don con eI que se pueden mezclar palabras que separadas
no dicen nada importante pero que juntas pueden
crear un mundo en eI que don Quijote existe como un
loco que se cree caballero andante o en eI que Macondo
es una ciudad que desaparece con el viento cuando
el último de los Buendía descifra los misteriosos escritos
de Melquíades.
Se dice que Dios nos creó a su imagen y semejanza y
creo que nunca llegamos a ser tan semejantes a Dios,
como cuando amamos y creamos. Por eso pienso que
cuando un artista crea sus obras con amor.
Dios le reserva
inmediatamente un cupo en el cielo.
Por eso, y a pesar
de la redundancia en el uso del térmíno “por eso”, escribo
este artículo con verdadero placer, porque es algo que
nace exclusivamente de mí para ocupar su propio y original
lugar en el mundo.














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