Derecho irrenunciable
Tania Alvarado Porras
No somos las mujeres quienes buscamos la exclusión
en los procesos electorales, es la organización
partidista que sigue teniendo una cultura
machista la que marca la desigualdad de oportunidades
entre hombres y mujeres.
Entonces, son urgentes
las protestas contra la “Ley de cuotas” que viola
los principios de equidad de género y contra un
organismo rector que se mantiene reincidente.
Una
vez más a las puertas de una nueva contienda electoral
evidenciamos que la inequidad aún es grande y
que no es suficiente que los derechos alcanzados y
materializados en las leyes constitucionales estén
escritos.
Es nuestro deber defender la lucha emprendida
desde hace muchos años por las organizaciones de
mujeres para conseguir una participación igualitaria,
por reconocer los importantes aportes femeninos
desarrollados.
Estando en jaque nuestra posición, es
nuestra responsabilidad emprender una mayor difusión
de las conquistas alcanzadas, llegando a las
mayorías para conocerlas y exigir que se cumplan.
Promover una verdadera capacitación política y cívica
permitirá combatir la discriminación y evitar
entre otros atropellos que cuando se conformen las
listas nos ubiquen en lugares secundarios.
Los méritos logrados por las mujeres ecuatorianas
en todos los ámbitos de la vida, nos honran,
mucho más cuando han demostrado especial vocación
de servicio, con resultados ejemplarizadores, lo
malo está en que muchas veces olvidamos o confundimos
las decisiones populares y ambicionamos el
poder para generar prebendas, solapar intereses
dañinos o ayudar a aplaudir alianzas vergonzosas.
Al
no caer en los vicios comunes, tenemos la oportunidad
de enterrar las viejas prácticas.
La sensibilidad propia de la mujer por el privilegio de
ser madre e invadida por sacrificios para lograr administrar
un hogar o llevarlo adelante sea sin su pareja, nos
llena de valiosas cualidades, no se diga si le acompaña la
experiencia laboral e intelectual que el reto de ocupar
un puesto requiere, porque tampoco se trata de limitarnos
a un papel decorativo.
A las militantes de los partidos políticos o simpatizantes,
les queda mucho por hacer, partiendo por
introducir la democracia de género en los grupos
políticos, tanto como ayudar a recobrar atributos
básicos de moral, justicia, transparencia y verdadero
trabajo, ingredientes indispensables para atraer nuevamente
la confianza de una sociedad que aún se
refleja con un elevado grado de escepticismo, pero
está ansiosa de un liderazgo firme, perdurable y que
brinde estabilidad.














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