Avidez bancaria
El feriado bancario dejó profundas huellas en los
ecuatorianos, de manera especial entre aquellos
que perdieron los ahorros de toda su vida y hoy,
pese a que ha pasado el tiempo, aún se resisten a
creer en un sistema financiero que fracasó, más allá de su
interminable política de cobros exagerados y un escaso
servicio a sus “clientes“.
NO hay que olvidar que a nivel de
la banca todo, absolutamente todo, tiene su costo y prácticamente
son nulos los beneficios para los cuentahorristas
y cuentacorrentistas.
De hecho, la imagen de la banca ante los ecuatorianos es
muy mala. La publicación de los resultados de los bancos
genera una oleada de opinión en su contra.
La gente no
considera ‘justo’ que los bancos obtengan ganancias del
50 por ciento o más y peor que los capitales de los ecuatorianos
se inviertan fuera del país.
Contar con un sistema
financiero sólido y confiable para los usuarios y los ahorradores
poco importa al público.
A pesar de que los depósitos
estén más seguros, los bancos hacen sus utilidades a
costa de ahorradores y deudores y no cumplen una función
’social’.
El sistema financiero viene de una tremenda crisis, olvidada
por quienes no se vieron afectados.
Esto implicó fuertes
ajustes en las entidades y una limpieza general de la clientela,
los usuarios son reacios a endeudarse, después de lo
vivido.
Por lo mismo, es difícil esperar que los bancos
vayan a lanzarse agresivamente a prestar, aunque la liquidez
excesiva podría empujarlos a correr riesgos fuera del
país con dineros que no son de ellos.
La banca está llegando menos a los hogares y a las personas
naturales en la actualidad, por su animadversión contra
el sistema.
Hay una relación positiva entre el indicador
financiero, la relación entre el crédito, el PIB y el crecimiento
de la economía.
Este indicador ha caído, en parte por
los efectos de la misma crisis y en parte por medidas como
el gravamen de los imprevistos financieros.
Esta avidez
bancaria, que parece nunca terminará, deberá contar con
un control efectivo de la Ley que proteja a los usuarios de
las misma; claro, para aquello será necesario que la politización
y el juego de intereses den la tregua necesaria, si es
que aún se piensa en el bienestar común.
















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