La raza ecuatoriana
Fueron palabras nobles. que invitaban a la reflexión,
palabras de elogio hacia una raza que ha
sufrido mucho desde la llegada de la invasión
española. Después de una excelente participación en
un concierto de guitarra y flauta que incluía desde
música clásica hasta música folklórica.
Terry
Pazmiño v Julián Pontón. hablando acerca de Quito y
la música indígena concluyeron su discurso enunciando
el final con estas palabras que han originado la
creación de este articulo: “… en Quito. que por derecho
les pertenecía a los indígenas, ¡ y a quienes aún
les pertenece todavía!”
Fueron efectivamente palabras muy nobles, sobre
todo al haber sido expuestas por una persona de piel
blanca, pero lamentablemente, por muy bonitas que
suenen, están erradas.
Me da mucha pena por la raza indígena porque
efectivamente fueron despojados de sus terrenos de
una manera injusta, pero eso ya fue hace mucho
tiempo, ni siquiera fueron ellos los despojados sino
sus antepasados y si es cuestión de herencia los mestizos
tenemos el mismo derecho a decir que el
Ecuador es nuestro porque lo heredamos de nuestras
tatarabuelas indígenas que fueron abusadas sexualmente
por nuestros tatarabuelos españoles, pero
pensar de esa forma, aquí o en cualquier parte del
mundo. se llama discriminación racial.
El Ecuador le pertenece a toda persona de nacionalidad
ecuatoriana sea de la raza que sea. Yeso es lo que
ciertos grupos indígenas parecen no comprender cuando
comienzan a causar destrozos en paralizaciones que
solo buscan beneficiar a su grupo étnico sin importarles
cuanto daño le van haciendo al país.
Todavía parecen no
darse cuenta de que forman parte de un país y que darle
preferencia a su raza antes que a su país es un acto de
racismo.
El Ecuador somos todos: blancos, negros,
indios, mestizos, mulatos, en fin, todo aquel que haya
nacido en tierras ecuatorianas. ¿O acaso Carlos Tenorio,
Iván Hurtado y todos los integrantes de raza negra de la
selección son menos ecuatorianos tan solo por ser
negros?
El Ecuador necesita que aprendamos a ser unidos
sin importar si nuestra piel es blanca, negra, amarilla
o de algún otro color indefinido, sin importar si nos
comemos la “S” al hablar o por el contrario la metemos
hasta en medio de la “R”.
Antes que ser de una
raza, somos de un país; antes de ser de un país,
somos todos humanos y antes de ser humanos somos
todos y todo parte de un mismo universo creado por
Dios.
















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