Busquemos la felicidad en Dios
Anabell
Bereche
Feijóo
El que ama a los demás se ama a sí mismo, y siempre va a encontrar la mejor forma para pasar las adversidades de la vida diaria.
La familia es una organización muy importante, donde es necesario que alguien la dirija para que funcione bien, y por supuesto de
que todos den su aporte por más mínimo que sea, la colaboración de cada miembro es lo que irá formando un ambiente de
confianza y amor.
Ninguna familia es perfecta, no existen los padres ideales ni el modo de vivir es excelente.
Muchas veces los problemas
económicos son la cabeza de las preocupaciones, pero, es cierto que el dinero es necesario para subsistir, si embargo este no
compra la felicidad, pues esta no se vende, ni se encuentra en ningún puesto de ventas; se crea en medio de la unión y la amistad
entre padres e hijos, convirtiéndonos así en amantes de la paz, la honestidad y la justicia.
La tranquilidad y la apacibilidad son dos puntos importantísimos en los padres, ¿qué mejor que un buen ejemplo?
Una familia
donde los padres solucionen los problemas con paz, no con riñas ni peleas, por más difícil que sea la situación.
Los hijos necesitamos que los padres nos dediquen todo el tiempo posible, nos pongan atención, nos tengan confianza, nos
ayuden, nos apoyen nos enseñen, nos protejan, nos corrijan y nos den todo el amor posible.
El deber de los padres es dar un espacio de su tiempo a sus hijos, a conversar con ellos, y a educarlos sin maltratarlos ni
sobreprotegerlos, dándoles los porqués de sus deberes y la libertad para que ejerzan sus derechos.
Crear el amor a Dios en el hogar, es fundamental para la felicidad.
Pues, en la actualidad hay más guerras, más muertes, más
pobreza, miseria, hambres, más problemas, y Dios es el único ser capaz de devolvernos la esperanza para atravesar esos
problemas y de darnos la fuerza para ser mejores cada día.
¡Quién mejor que él!
La única forma de perfección que existe, la única fuente de amor total de la cual podemos tomar el ejemplo.
Así llegamos a la conclusión que la necesidad espiritual es muchos más importante que la física, que la felicidad no depende de
factores externos, si no de la convicción que tenemos por haber hecho lo debido.
















Deja un Comentario